El marcapáginas, aunque parezca un elemento de lo más reciente y moderno, apareció desde la antigüedad, al mismo tiempo que los primeros libros manuscritos. La humanidad pudo percatarse de este elemento en continentes como Europa, África y Asia y era muy diferente a los que estamos acostumbrados hoy en día. Antiguamente, los marcapáginas eran rígidos y dotados de cierto lujo. Fue más tarde, en la Edad Media, cuando aparecieron los marcapáginas tal y como los conocemos: de cordón, hechos de cuero, una tira de tela o de papel o madera. También hemos podido encontrar otras soluciones más ingeniosas, como los marcapáginas giratorios.

Fue más tarde, en el siglo XIX cuando los marcapáginas se convirtieron en lo que conocemos hoy, en día, un papel decorado con un orificio y con una cuerda. Aunque al principio solo lo utilizaban unos pocos, con el tiempo, a medida que la alfabetización avanzó, los marcapáginas se comenzaron a utilizar de forma popular hasta convertirse incluso en un producto publicitario, un soporte para publicitar un producto, un servicio o una empresa. Este objeto, que sirve para marcar la página en la que nos hemos quedado tras la lectura o para marcar diversos pasajes de un libro que nos interesan, es un objeto útil, pero también bonito, que apetece tener e incluso puede servir como coleccionismo.

Evita sobrecargarlos

No obstante, a loa hora de diseñar un marcapáginas debemos resistirnos a sobrecargarlo de información, puesto que, podríamos arriesgarnos a que el diseño quede poco atractivo. Para diseñar un marcapáginas lo primero que debemos hacer es escoger el formato, es decir, la forma del mismo. El tipo de material que emplearemos también es una parte fundamental. Lo normal es que un marcapáginas tenga una medida de 5 a 8 centímetros de ancho y de 12 a 21 centímetros de largo. Depende tanto de los libros como del diseño que quedamos darle. El papel que emplearemos para la impresión debe tener cierto grosor y lo más recomendable es que sea tipo cartulina, es decir, con un gramaje de 150 a 250 gramos.

Los acabados del papel dependen de tus gustos, es decir, si quieres darle un acabado estucado, brillante, mate o si prefieres un papel un poco más natural y con un acabado reciclado. En caso de escoger un papel estucado (es decir, que no tiene ningún brillo) lo más recomendable es plastificarlo después de diseñarlo e imprimirlo. Otro aspecto importante es decidir si el marcapáginas tendrá una cara o dos. Si por ejemplo solo lo imprimimos a una cara, el marcapáginas dará un aspecto demasiado barato y simple, por lo que, te recomendamos que lo hagas a ambas caras si puedes. La parte delantera debe llamar la atención y debe incluir la información relevante, mientras que, la trasera, debe contener algo de texto.

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