Un nuevo informe revela que el coste del fraude publicitario asociado a campañas de promoción digitales podría alcanzar los 30 mil millones de euros este año, incluidos los costes sociales e económicos indirectos relacionados a la inversión en sí misma. Los costes directos para los anunciantes podrían llegar a los 23 mil millones de euros. De acuerdo con el informe «Fraude económico de los malos actores en Internet», «Fraude publicitario 2019» de la empresa de ciberseguridad Cheq, es probable que el aumento de la publicidad digital provoque daños por fraude publicitario tanto para los anunciantes como para los consumidores.

Este año, se espera que el gasto en anuncios digitales alcance los 316 mil millones de euros, lo que lo convierte en un gran atractivo para los estafadores. Alrededor del 30% de la publicidad no es vista por los consumidores, estima la Federación Mundial de Anunciantes, lo que significa que alrededor de 21 billones de anuncios en línea se ven afectados cada año.

«La escala de fraude que encontramos es asombrosa», dijo Anthony Hitchings, director de operaciones de publicidad digital del Financial Times. «La industria continúa desperdiciando presupuestos de marketing en lo que esencialmente es crimen organizado».

Si bien la falta de regulación es una de las razones del aumento en el fraude de anuncios digitales, la complejidad es una de las principales causas. Según Cheq, los anunciantes pueden tratar con hasta 20 o más partes reguladas, todas las cuales tienen sus propios intereses, que no estarán alineados. También hay alrededor de 20.000 solicitudes de soluciones de prevención de fraude en publicidad cada segundo.

Por si esto fuera poco, el informe predice que la cantidad de fraude publicitario que se está produciendo y el coste asociado a él solo aumentarán en el futuro. De acuerdo con Cheq, el coste directo para los anunciantes podría llegar a 26 mil millones de euros el próximo año, mientras que podría aumentar a 32 mil millones de euros en 2022. Y lo peor de esto, en realidad, es que los costes asociados con el fraude publicitario tienden a afectar a las pequeñas empresas, ya que son precisamente las que no disponen de los recursos para evitarlo.

El informe de Cheq afirma: «Nuestra experiencia sugiere que las campañas de alto nivel a través de anunciantes reconocidos están sujetos a una tasa de fraude del 5%. Por su parte, las campañas de gama baja experimentan una tasa mucho más alta de fraude publicitario, potencialmente hasta un 50%».

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